El hábil pistolero ve que su adversario cae sin defenderse, sonriendo con una sonrisa pequeña, perfecta, macabra...nada tiene sentido y enfunda el metal caliente en su cintura, lo siente, un pulso cerca de sus muslos, humeante, mojado, derritiendo las motas de nieve que se le pegaron a causa de la tormenta, el pecado pesaba menos en su cuerpo al descargar una bala menos en el tambor de su mágnum, dando media vuelta cayo al igual que su victima en la nieve, de rodillas llevo sus manos a la cara y lloro, lloro profundamente, era la primera vez que quitaba una vida, pero era necesario, si no lo hacia...muchas otras se perderían.
La tormenta seso en algunos estruendo, otro grito ahogado por la nieve era imposible de escuchar una vez mas en la oscura soledad, sorprendido el pistolero sin pestañear compro que era sangre lo que manchaba la camina blanca, toco su pecho pero no era ahí, por que? de donde salia tanta sangre?
"No puedes matar a tu propia sombra" dijo la victima con un cuchillo ungido en la sangre del pistolero, "Puedes dispararme cuantas veces quieras, pero soy pecado en tus manos, soy suciedad en tus ojos, soy dolor en tu corazón, soy la misma oscuridad que nos rodea, yo...soy tu" dijo por ultimo la victima, guardando su cuchillo en la cintura, se levanto y comenzó a caminar.
Al pistolero lentamente se le cerraron los ojos, no pudo decir nada ya que de sus fríos labios estaban ocupados en un largo beso con la muerte, igualmente no podría, ya que la victima tenia razón, el pistolero se volvió la victima cuando esta se convirtió en el ejecutor al cortar la garganta del hombre que le habia disparado, ahora el caía en el piso, pero no había sonrisas, solo oscuridad, pero esa silueta, la del ejecutor detuvo su caminar, se giro sobre sus pies y lo miro, ahí siendo llevado por la muerte en medio de la nieve, sangre y silencio, este sonrió maleficamente una vez mas y le guiño un ojo.
"Solo recuerda mi amigo, algún día este sera tu hogar"
Así fue como el ejecutor tembló y se disperso en miles de siluetas negras, eran golondrinas, trinando una canción fúnebre, era la misma oscuridad que los rodeaba miles y miles de golondrinas que festejaban la muerte del pistolero, que festejaban ser uno mas, el festejo llevo un rato en sesar, y para cuando el sol, perezoso bostezando comenzó a acariciar la nieve, el cuerpo del pistolero ya no estaba, el del ejecutor tampoco, pero mientras miro al amanecer a la sombra de un árbol veo como esta ave migratoria aletea lentamente reclamando su lugar en el establo de la vida.
Así fue como el ejecutor tembló y se disperso en miles de siluetas negras, eran golondrinas, trinando una canción fúnebre, era la misma oscuridad que los rodeaba miles y miles de golondrinas que festejaban la muerte del pistolero, que festejaban ser uno mas, el festejo llevo un rato en sesar, y para cuando el sol, perezoso bostezando comenzó a acariciar la nieve, el cuerpo del pistolero ya no estaba, el del ejecutor tampoco, pero mientras miro al amanecer a la sombra de un árbol veo como esta ave migratoria aletea lentamente reclamando su lugar en el establo de la vida.
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