Son las sombras que comen toda idealidad, tan solo una mano en la penumbra que nos deja tambaleando en los pensamientos, una sonrisa desconocida que nos llama con fragancias de curiosidad.
El ser me secuestro por la espalda, susurrando tranquilidad a mi espalda tensa, entre las voces de los pequeños niños nos abrimos paso caminando a paso lento por cada pared desgastada de la pequeña inmensidad de ese frió lugar, podía sentirse el eco de la creatividad en cada fotografía y pintura en esos viejos muros
¿A donde estamos yendo?
Tantas preguntas antes de tiempo que puntean nuestra garganta, al tiempo que un hermoso jardín de familiaridad recorría mis ojos, vi tantas sonrisas deseosas de presentaciones.
Eran pocos y tantos a la vez.
Mi presentador, tan solo nombrado como Han, dos pequeñas niñas que parecían una fotocopia idéntica de una misma alegría una mujer hermosa, de cabellos color del cobre que vestía seda tan antigua como sus lagrimas, un anciano envuelto en humos de tabaco seco proveniente de una moderna pipa y por ultimo un joven que sonreía desafiante ante mis pupilas picaras.
Fue dada la bienvenida con jugosos abrazos y mas presentaciones, cada uno tenia su lugar, ahora después del fuego y el humo, me dieron el mio.
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