Soy el capricho de un dios, uno al que le aterra que un día me revele y me ponga en su contra, yo...sediento de un poco mas de poder, un día tome armas, me arme de saber y quise derrocarlo, escupirle en la cara y jurar para mi mismo los mismos rezos. Todo ese conjunto de violencia y saber que se formo al rededor de la batalla, se esfumo en menos de un minuto, presa de los sabedores, esos que apoyaban las formas y aplaudían el trato del dios tirano. Tendido en el piso miraba atónito como cada uno de ellos se regodeaba en si mismo para con su dios, creyendo ampliamente que eran poseedores de las respuestas, que podía abrir la boca y declarar en nombre del gigante, pero lo que ellos no veían era a si mismo, ellos putrefactos de descontrol, amarrados a las cuerdas de un titiritero, ciegos aun pudiendo ver, lastimeros repetidores, pobres de pensar, lentos de actuar, tristes...tristes actores de una obra donde un final se repite una y otra vez.
Yo? claro, no gane la batalla, no mate al dios y no pude destronarlo...pero pude liberarme de sus ataduras, arrancándome los ojos de la mentira, remplazandolos por las paginas de los viejos saberes escritos de las mente de otros tanto hombres libres, en esta ceguera liberadora, deje caer la espada, tome mi pluma y como esos otros, comencé a recorrer las paginas con ellas, esculpiendo en tinta, mi propia libertad que había ganado.
Ahora podía comenzar a aprender que era la verdadera sabiduría en un mundo infectado de maldad, maldad que el mismo falso bien engendro.
Un día nos desharemos de ella y todos juntos alzaremos las plumas, los bolígrafos y seremos libres de un cielo gris pintado de leyendas. seremos nuevamente solo nosotros, humanos.
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