El mundo puede gritarme tan odiosamente fuerte que soy un líder, pero realmente es que sigo siendo el pequeño revoltoso de siempre, como decía el viejo hombre armadillo: "Sos las dos caras del fuego, das abrigo quemando todo a tu paso". Trato de no mezclarme en mis propias neblinas y a pesar de todas estas cicatrices una vez mas me levanto para ponerme en medio y lamer las heridas de mis protegidos, verlos a los ojos y decirle que todo estará bien, aun sabiendo que no es así.
La noche cae y llego a casa desgarrado de heridas que escocen mis entrañas, pero siempre estará ahí, el amor de mil mareas, tempestades de los santos desastres, con su sonrisa anti disturbios para mantener a raya cualquier irregularidad en el funcionar de esta maquina, así juntos, uno sobre la espuma, el otro aguantando el tifon debajo de las aguas, pero como es de costumbre, a una sola taza de café para calmar este caos.
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