Detrás, en húmedos backstages, todos volvíamos a ser simples mortales, felicitándonos en palmadas empapadas de sudor y bienestar, las luces se fueron apagando y poco a poco volvíamos a ser una familia, Helen, nuestra matrona, señora de los pesares cocinaba gustosos aromas y anécdotas en la mesa del comedor; las gemelas pululaban al polen de brillantina de Tone, este loco arlequín disfrutaba de acariciar al dopado y malacostumbrado gato, una postal dentro de un cubo de almas destrozadas, ella alargándome una taza de café antes de cenar, me sonríe y se aleja para ayudar a servir los platos, no sin antes guiñar su ojo e insinuarme cariño para mi incomodidad, me sigue gustando ese gesto.
Pase lo que pase en todos nuestros golpes, estos ojos morados, estos dientes rotos.
Todas estas postales serán la cadena que nos apriete el cuello quemando cada memoria
Solo en nuestras manos, juntando las piezas adecuadas, serán bellas a su manera.
Nada de este dolor dejare de lado, por que el ardor en el corazón al recordar esa desesperación es lo que me anima a seguir queriendo vivir cada golpe como si fuera el primero.
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